Hace mucho que no escribo algo mío. Hace poco comensé un trabajo nuevo en una empresa poco amistosa, una empresa que elegí no por imposición, sino porque tuve la libertad de hacerlo y librar mis miedos al respecto de este tipo de empresa... las multinacionales. Pensé que sería una nueva experiencia comprender y entender que es lo que ocurre dentro de una oficina. No es bueno dejarse llevar solo por comentarios sin haber sufrido nunca que ocurre en estos ámbitos, aunque las advertencias sean nefastas.
De a poco voy entendiendo este concepto de perder verdaderamente la libertad. Uno puede sentirse preso del sistema económico, del sistema político, excluido dentro de una gran sociedad que impone normas sin que se nos haya consultado cuan bien nos parecían estas para nosotros y nuestros hijos. También se nos impone que consumir, que ropa llevar... el marketing nos acota nuestros gustos personales para que nos sintamos más aceptados y menos excluídos de otras personas.
Pero nada se compara con perder la libertad de 9 a 6. Nueve son las horas donde no podemos salir a ver el sol. Nueve son las horas donde no podemos expresar nuestros verdaderos sentimientos. Nueve horas para que a fin de mes logremos cubrir los impuestos y la comida, y reservar residuales para el tan ansiado "futuro" personal.
Sumando algunas horas de viaje, las nueve horas se transforman en doce, en un día de veinticuatro horas. ¿Siete horas para dormir? Entonces nos quedan cinco vivir. Cinco o cuatro horas para ir al baño, comer, vestirnos, cubrir la rutina diaria y despejarnos un poco.
Uno tiene la libertad de abandonar el trabajo cuando quiera, no existe imposición al respecto. Pero nadie nos asegura que ocurrirá después... ahí comienzan los miedos. Miedo a que no te tomen nunca más, miedo a conseguir un trabajo peor... Esta es una vida llena de miedos.
Cuando falta la libertad, el que nos domina es el miedo. Miedo al fracaso, a la exclusión, a la soledad, al prójimo... miedo a vivir saliéndonos de las normas. Tenemos miedo a vivir con verdadera libertad. Miedo a que la competencia nos aplaste, a que "otros" que creen fervientemente en la supervivencia del más fuerte nos dejen morir por ser "defectuosos" o débiles. Por eso aparenta ser conveniente seguir a la manada, ir pisando cabezas antes que la muerte nos llegue de manera dolorosa. Todo eso es falta de libertad, dejarnos llevar por lo que indica el camino "más seguro" o más placentero, el más adornado y cargado de ilusiones.
El miedo puede más.
¿Cuál es entonces la verdad sobre la libertad? ¿Quién puede indicarme el camino a la libertad? ¿A quién debo escuchar, a quién debo seguir?
Nadie puede dar certezas sobre la libertad. Este blog no busca imponer ideas sobre lo que es o debería ser la libertad. Ningún político que nos asegure libertad de ideas o expresión nos da verdadera libertad: siempre existirá imposición que nos toca tolerar.
La verdadera libertad sale de uno mismo. Cuando condicionamos los pensamientos por aquella gente que modela nuestra forma de pensar o de actuar, nuestra libertad será cada vez más acotada y nuestros pensamientos, por ende, menos libres.
Lo que salga de nuestro interior sin haber consultado a nadie, sin haber revisado nuestro pasado o nuestros condicionamientos psicológicos o lo que nuestro entorno presiona, será una manifestación de libertad. Pues la libertad absoluta se manifiesta mediante la ausencia de pensamientos, acciones que nuestra mente no procesa mediante la revisión del tiempo y el largo listado de conceptos preconcebidos... No, es una manifestación de la inteligencia y de nuestros más profundos sentimientos naturales.
La realidad (y esto queda en cada uno analizarlo) es que el universo en el cual nos vemos inmersos no está regido por ninguna norma en particular. La física podrá determinar acciones de causa-efecto, acción-reacción, consecuencias intrínsecas de la naturalesa... pero eso no nos quita la libertad.
Vivimos en un universo que no exije que debemos hacer, hacia donde debemos seguir nuestro rumbo de vida, cumplir con plazos o aprobar etapas. El planeta no nos pide nada a cambio de estar sentados en este suelo, más que protejernos del clima. Los demás seres no nos exijen mucho: con defendernos lo suficiente alcanza para no ser deborados. ¿Quisás buscar alimento nos restringe la libertad?
Si obviamos estas simplezas que pueden traer aparejados cuestionamientos diversos, ¿qué más nos arrebata libertad? ¿Quién más que el ser humano para restringir libertades?
Dentro de cada ser humano existen defectos, defectos que debemos entender por nosotros mismos. Cuando otro ser humano nos impone o recalca defectos que no tenemos, nuestra libertad se acota. Podrá sonar repetitivo resaltar lo mismo una y otra vez, pero es en este punto donde comienza todo el conflicto: cuando un ser humano le impone a otro que debería pensar sobre si mismo, sobre los demás y el universo mismo.
Uno puede escuchar y leer los pensamientos de otras personas, filósofos, psicólogos, eruditos, políticos y torpes; a nuestros padres, nuestros amigos, conocidos y no tantos. Podemos formar nuestros pensamientos gracias a ellos. A veces analizamos sus ideas, los porqués, otras veces simplemente aceptamos.
Si siempre elegimos el camino de aceptar, no daremos lugar a que nuestra libertad brote. Cuando algo surge del interior, sin contemplar con que restricciones nos vamos a chocar, será dominio de nuestro albedrío.
No le pido a nadie que acepte lo que escribo. Tampoco les pido que les guste. Estos son mis análisis del presente. Continuaré en otro momento, contemplaré otras situaciones y pensaré de otra manera. Nadie debería presionar a entender nada, nadie debería imponer hacer entender su mentalidad o su visión de la vida.
Compartir experiencias para aprender un poco de todos es abrir puertas al cambio. Y experimentar nuestra propia visión sin que nada y nadie nos imponga el 'cómo' (incluso nuestros propios pensamientos), nos hace libres de verdad.
domingo, 15 de noviembre de 2009
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